No
me resulta sencillo la semblanza de un amigo, y menos si ese amigo es pintor y me busca
para estas lides. Pués el prisma con el cual lo miro siempre resulta apasionado.
De todas formas (sed benébolos con el atrevimiento) voy a intentar hacer un somero
comentario de lo que Juán Antonio nos ha venido a traer, para que poseidos por la mirada
atenta, ante estas ilusiones del Paraiso perdido, estos fragmentos que como restos
arqueológicos suguieren pasadas bellezas, magníficos esplendores, que conviven
forzosamente con nuestro entorno, son vaharadas, como el dice, de azahar y porcinos, de
sensuales higos con su cristalina gota de miel y adocenados chorizos.
Si, por un momento, pudieramos borrar de la memoria el hoy y volver al primigenio hombre
que fuimos, veríamos en toda su magnificencia ese jardín maravilloso que fué el espacio
en que vivimos y que probáblemente, ya, no pueda ser. José Antonio Aroca. |