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Alli en aquel jardín sentado al borde de una fuente, soñaste un día la vida como embeleso inagotable. (Luis Cernuda)
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No me resulta sencillo la semblanza de un amigo, y menos si ese amigo es pintor y me busca para estas lides. Pués el prisma con el cual lo miro siempre resulta apasionado.
De todas formas (sed benébolos con el atrevimiento) voy a intentar hacer un somero comentario de lo que Juán Antonio nos ha venido a traer, para que poseidos por la mirada atenta, ante estas ilusiones del Paraiso perdido, estos fragmentos que como restos arqueológicos suguieren pasadas bellezas, magníficos esplendores, que conviven forzosamente con nuestro entorno, son vaharadas, como el dice, de azahar y porcinos, de sensuales higos con su cristalina gota de miel y adocenados chorizos.
Si, por un momento, pudieramos borrar de la memoria el hoy y volver al primigenio hombre que fuimos, veríamos en toda su magnificencia ese jardín maravilloso que fué el espacio en que vivimos y que probáblemente, ya, no pueda ser. José Antonio Aroca.