Pulse para ampliar

La pobre catedral se alza sobre azahares y pestilencias, las naves industriales no la dejan ver desde la huerta.
Los Santos cardenalicios de color lombarda, los ángeles bulímicos relamidos de chorreones. Ante ironías tales tengo que homenajear a esa gran fábrica depositando en el suelo ese blanco alhelí. Unir espacios con una diagonal de flores que recuerdan el refinado modo andalusí y conectan la catedral desde ángulos inabordables por su complejidad estilística. Escuchar a Bach en la catedral es tan delicioso como un espectáculo de J. M. Jarre en la sillería.
Juan Antonio Cortés Abellán.