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| Nos sorprende, siempre nos sorprende, con su
asombrosa capacidad para encontrar caminos nuevos, nuevos matices hasta en las más
humildes realidades. Sus calabazas son primas hermanas de los bodegones de Sánchez Cotán
y tan místicos como aquellos pero con una hachura y un aire de Siglo XX. Sus paisajes son
herederos de la gracia, la luminosidad y la frescura de los impresionistas, pero además
son de ahora mismo. Pepe Aledo. |
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Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón."
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece. (Antonio Machado) |
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¿Quién rompió las doradas vidrieras
del crepúsculo? ¡Oh cielo descubierto,
del montes, mares, viento, parameras
y un santoral del par en par abierto!
Tres arcángeles van por las praderas
con la Virgen marina al blanco puerto
del pescado; ayunando, entre las fieras,
se disecan los Padres del desierto.
El santo Labrador peina la tierra;
Santa Cecilia pulsa los pinares,
y el perro de San Roque, por el río,
corre tras la paloma de la sierra,
para glorificarla en los altares,
bajo la luz de este soneto mío.
(Rafael Alberti) |